lunes, 25 de abril de 2016

EL RELATO EPISTOLAR (II)

La mejor demostración que se me ocurre, es ofrecer este relato.

 Carta a Deviana

 Querida Deviana:

(…) Tu sonrisa me agrada hasta tal punto, que la percibo en cada signo de caligrafía cuando me cuentas las anécdotas de la pequeña “Popi”. Te hacía falta, y me alegro de que mi empeño se alzase en favor de tu obstinación. Desde pequeñita habías deseado algo así, que fuera muy tuyo, que tuviera confianza en ti, con quien compartir la risa (esa que a mí me entusiasma), que enjugara tus lágrimas (esas que a mí tanto daño me hacen). Hasta el nombre me parece apropiado, sencillo, ligero, pronunciable, me recuerda el sonido de un primer balbuceo, de un primer alimento, de un primer beso, de un primer juego, de un primer lamento… ¡Cómo lamento no estar a tu lado! ¡Cómo lamento no tener cera a “Popi”, o mejor, ser “Popi”, para que tu mano me premiara con una caricia. Espero que este tiempo de distancia se vaya acortando, pues no deseo más que notar tu mano sobre la mía, por eso cuando este papel te llegue acarícialo porque lleva parte de mí.


(…) Necesito verte más a menudo, y esta distancia me tiene en un sin vivir, pero no te apures, lo superaré. ¿Cómo anda ”Popi”?  ya habrá crecido, aunque su condición es de no alcanzar gran tamaño pero de dar mucho amor. A ti las fuerzas, me consta, no te abandonan, sigue así, por eso no quiero hacer mención, al menos hoy, a lo ocurrido; creo que es lo mejor. Aquí todo está demasiado silencioso ¡Cómo echo de menos el bullicio del barrio! Siempre alegre, con su vuelo de palomas de balcón a balcón, los bancos del parque, la fuente de la plaza; te prometo que cuando vaya lo primero que haremos será pasear por el parque, con “Popi”, claro, y lucirás ese vestido que tanto te gusta y va con el color de tus ojos. Deseo con todas mis fuerzas que llegue ese día.


(…) Me has tenido en ascuas. Tus cartas dejaron de llegar y la impaciencia me hacía no sé que pensar. Han sido días duros, de una soledad profunda, y una confusión que se apoderaba de mí, lo que me llevó a escribirte hasta cinco cartas, una tras otra y todas con la misma duda ¿qué pasa?, pero en la tregua me llegaron las tan deseadas palabras tuyas con la calma de que todo iba bien y que habías estado unos días en casa de Ignacio, respirando aire puro. Todo lo que me cuentas me alegra; de “Popi” me sorprende esa habilidad para el canto cada vez que oye la radio. Todo ha vuelto a ser otra vez maravilloso, pero por favor, no dejes de escribirme.
PD. Las cinco cartas han ido a la basura, ya no valían la pena.


(…) Aquí se empieza a notar calor. Por la noches tengo que dejar la ventana abierta para que corra un poco de brisa. ¡Cómo me acuerdo de la frescura de la casa de la sierra! Aunque fuese pleno verano debíamos cubrirnos con colchas y a veces con una manta ligera, era como guardar un poco de invierno en el corazón. Yo prefiero el frío, el calor me paraliza y fatiga; con el frío me encojo y parezco más pequeña, pero me siento ligera, no ahora que ya noto como los tobillos empiezan a deformarse y de aquí a varias semanas ya habrán perdido su forma natural. Pero querida, sólo me importas tú, cuídate de estos repentinos calores y refrescos, sobre todo en las tardes, que sabes no te benefician nada, y dile a Matilde que empiece a mover la ropa de los armarios no vaya a ser que se nos asiente un verano tempranero y aún te pille con la franela; que empiece a planchar el algodón y el lino.


(…) Se me hizo la boca agua cuando me dijiste que ya habías tomado un helado. Los añoro. Yo no los pruebo desde que me marché de ahí, por el exceso de calorías, pues no lo creerás pero los helados tienen demasiado dulce y eso no es bueno para alguien como yo tan propensa a coger peso. Tu estás preciosa. Me gustaron mucho las fotos que me enviaste, no te sobra ni te falta nada, y lo que más me gustó fue verte sin muletas, aunque dices que las dejaste a un lado para la foto, eso me incita a pensar que pronto acabará todo y con unas cuantas sesiones, como dice Ignacio, estás como antes. Mira que fue fatalidad hija, en que andarías pensando. Yo también pienso en que debería haber corrido a tu lado cuando me necesitabas, pero has de comprender, cariño mío, que mis ocupaciones y la distancia no me lo han permitido. El contrato me cumple dentro de un tiempo; aquí están muy contentos conmigo y no quieren que me vaya; sé que estás en buenas manos y eso me da tranquilidad pero ten por seguro que en cuanto finalice mi quehacer nos reuniremos y haremos un largo viaje a donde tú quieras.


(…) Ignacio es magnífico. Ni un hermano mayor se portaría mejor contigo y conmigo. Haces bien en volver otra temporadita a su casa, y allí en la piscina podrás hacer esos ejercicios tan adecuados para tus piernas. Hoy hace dos años que recibí la noticia de tu accidente y ya creo que podemos hablar de ello pues lo has superado muy bien. Por lo que me cuentas intuyo que también se han acabado las pesadillas, lo celebro.
(Las mías cada día son mayores, miro tu foto y no me pareces la misma que deje en contra de mi voluntad, cierro los ojos e intento conservar tu imagen tan alegre, tan bonita, mi niña querida. Esto es un infierno, por fuera y por dentro, y otro infierno peor es el que llevo en mí, donde los fantasmas del pasado y del futuro me acechan y el presente se me escapa de las manos, tu presente, el que nunca disfrutaré. Estas líneas no te las voy a enviar, sólo quedan para mí)
También celebraré con mis compañeros tu próximo cumpleaños que está al caer. Dile a Matilde que te lleve de compras, elige todo lo que te guste y disfrútalo en mi nombre, y cuando te lo pongas piensa que mis besos y mis caricias están ahí.


(…) Menos mal que apareció “Popi”, mira que la ocurrencia de salir corriendo por el parque y desaparecer. Imagino tu disgusto, tu sufrimiento de tres días hasta que apareció. Debes educarla para que no haga eso, un perro debe obedecer como un niño para evitar males mayores. ¿Te acuerdas cuando desapareciste tú de mi lado justo delante de una zapatería? Tendrías unos tres años y en un abrir y cerrar de ojos ya no estabas a mi lado; creí morir; nunca en la vida podré experimentar una sensación peor; eras –y eres- lo más importante y en un descuido ya no estabas; cuando te recuperé de nuevo sólo se me ocurrió darte un bofetón, ¿lo recuerdas? Nunca lamenté aquel castigo, tú eras consciente de lo que hacías pero a mí se me derrumbó el mundo. “Popi” debe acostumbrarse a no irse de tu lado.

(…) Cómo me alegra saber que ya usas nada más que una muleta, de aquí a varias semanas volverás a ser la misma de antes, y no hagas caso de las cicatrices porque con el tiempo nadie se dará cuenta de que están ahí, y no te empeñes en ir siempre con pantalones que dice Matilde que cuando llevabas las vendas no te importaba usar falda, pero ahora te niegas. Viste como quieras, es tu decisión, pero piensa que lo importante es la función que hacen las piernas, caminar. Además cuanto antes te quites el pudor mejor será. Hija mía, con falda o pantalones, con vendas o sin ellas, con cicatrices y secuelas eres y serás la más bonita para mí y para muchos que bien te quieren, si no pregunta a Ignacio o Matilde.


(…) El calor ya va siendo sofocante, se nota que el verano está instalado del todo.
Hoy he intentado escribirte varias veces pero la calima me tiene las manos hinchadas…
(Estoy toda estoy hinchada de desesperación, y es que los días pasan y es como si no lo hicieran, cada jornada es igual a la de ayer y la del día anterior y la de mañana y el día después, y tu ya has cumplido diecisiete años y me los he perdido como me perdí los quince y los dieciséis y me perderé los dieciocho y los diecinueve, o tal vez todos porque, querida hija, estoy muy mal, pero esto no quiero que lo sepas)  
… por eso procuro refrescármelas constantemente y me viene a la cabeza la fuente de la plaza, dice que la han reformado, no me hago a la idea, dices que está más bonita, si ya era bonita; en cuanto vaya será la primera visita obligada: ver la fuente y tomar un trago de su agua fresca.

(…) (Cómo decirte hija que me mandan a casa a morir. Cómo decirte hija que tal vez esta sea la última carta que escriba. Cómo decirte que me va a costar mucho mirarte a la cara sin que se note que te he mentido. Cómo explicarte que no he sabido decirte lo que ocurrió pues ni yo misma lo sé. Cómo abrazarte con el amor acumulado en todo el tiempo de separación. Son tantos los cómo que me pierdo en un laberinto sin respuesta)
Creo, mi vida, que voy a tener, al fin, unos días de vacaciones y que podré verte pronto. Lo deseo con todo mi corazón. Tengo muchos planes para las dos, y espero que hayas organizado un montón de actividades para hacer juntas, bueno si quiere Matilde acompañarnos la dejaremos, y por supuesto nos llevaremos a Popi. Te adelanto que de regalo que llevo un jersey que he tejido yo misma en los ratos libres, que han sido pocos, y me he guiado mirando tu foto; también te he pintado unos cuadritos para tu dormitorio, dirás que son muy simples pero me defenderé argumentando que no soy una experta(…)

Querida mamá:
No quiero que te lleves una decepción cuando llegues. Ignacio y Matilde no saben nada de esta carta, pero yo necesito decírtelo antes para que cuando llegues no sufras. Verás mamá, no estoy curada, todo es un montaje, todo fue idea de Ignacio y dijo que era para alegrarte, como ahora se pueden trucar las fotos con el ordenador un amigo suyo lo hizo. Ya quisiera yo estar así, mía sólo es la cara. Te lo cuento ahora porque oí a Ignacio decirle a Matilde que sería un golpe muy duro para ti saber la verdad, y la verdad es que nunca podré andar, que tengo fuertes dolores en las piernas y… ¡te hecho mucho de menos mamá! Tus cartas me alegran pero yo quiero que estés conmigo. Por favor mamá, dile a quien corresponda que te trasladen a una penitenciaría más cerca, donde yo puede ir a verte con mi silla de ruedas, donde pueda darte un beso aunque sea entre rejas. Por favor mamá, hazlo por mí.

P.D. No le digas a Ignacio y Matilde que te he escrito y que sé dónde estás, tú haz como si nada, será nuestro secreto.

CONSEJO: Escribir cartas es un ejercicio sano que se debe practicar  a menudo para no perder la costumbre. 

CONSEJO: Escribir un relato en forma de epístola tiene un atractivo especial. Pruébalo. No te arrepentirás.
¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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