lunes, 14 de marzo de 2016

MÁS SORPRESAS

La sorpresa, el suspense, el misterio forman parte de la magia de la novela. Son adornos imprescindibles para hacer que el lector se interese. Si el escritor concibe el relato de manera que al lector le asalten la curiosidad y preguntas como ¿dónde está? ¿quién es? ¿quién lo hizo? ¿qué pasará? habrá logrado un suspense –propio de las novelas policíacas o de aventuras pero no reñido con cualquier otro género novelesco- en donde siempre quedan asuntos por resolver. 

Consejo: Para que el suspense sea mayor hay que evitar dar respuesta inmediata a las cuestiones citadas alargando así el momento de desvelar los secretos:

(Si has leído todo lo anterior, pues seguir perfectamente con el relato Nunca el silencio habló tanto) 

Tras aquella cortina de humo, en conjunción con la húmeda cortina de sus ojos, Nely no pudo por menos, una vez más, que recordar a  Rita. Todo era tan igual al pasado. De repente, Nely notó algo pequeño, blando, suave y tibio en su mano, era la de una niñita de apenas cinco años, que se le había colado entre la firme de Nely buscando aún más protección. Aquella sensación le hizo recordar que en el pasado, negro todo y de irrespirable sopor, cuando abrió la mano pensando que era la de la niña, se percató que su muñeca preferida, ser inerte, se había salvado. Más hubiera valido la pena ser esa la abrasada.

Consejo: Es imposible, con una frase o un párrafo, describir el misterio. Éste ha de irse masticando según avanza el relato, y para ello nada mejor que dejar pistas.


Los acontecimientos parecían repetirse.
-          ¿Estás bien? –preguntó John.
-          Sí –respondió Nely apretando con fuerza la mano infantil.
Todo iba demasiado rápido aunque pareciese todo lo contrario. Las llamas ya empezaban a devorar un ala del colegio, por fortuna, la menos utilizada; pero el miedo estribaba en un avance inesperado hacia el laboratorio.
-          ¿Has visto a Gus? – se interesó Nely haciendo acopio de fuerzas.
-          Todavía faltan algunos por salir.
¡Dios mío!, pensó. Pero en ese instante tres encargados del centro descendían lo más rápido posible, cada uno empujando una silla de ruedas. Gus iba en una. Nely corrió hacia él sin soltar a la niña y los tres se abrazaron. En unos instantes, y pasado el peligro inminente, a la profunda y sincera unión se fueron uniendo otros. Nely y John no se abrazaron, les bastó con mirarse.
La primera vez que los ojos de Nely se cruzaron con los de John, le parecieron similares a los de Rita, siempre en el recuerdo, fruto del reflejo inesperado del haz de luz que atravesaba por las rendijas de la persiana. A punto estuvo de proferir un grito hasta que la voz masculina preguntó:
-           Te has asustado?
-       No. Era la luz que me cegaba –se excusó ella girando un poco la cara hacia la sombra.
La tarde era calurosa y aquel ala del edificio –ahora destruida- durante esas horas estaba expuesto al sol, por lo que las persianas andaban bajas dejando una penumbra fresca y lánguida en el ambiente.  Cierto era que la luz la cegó, pero también la presencia de John al que nunca antes había visto, pero del que tenía unas magníficas referencias; tan alto, tan elegante, tan distinto al resto… Le habían recomendado que hablara con él para poner en práctica una actividad nueva, pero a mes y medio de su estancia en el centro, aún no habían tenido ocasión de cruzarse, y ahora al tenerle delante, con esa luz impertinente que le iluminaba el rostro; rostro que esbozaba una sonrisa; sonrisa que infundía confianza; la misma que Nely necesitaba para articular palabra tras el sobresalto pueril.
-          Yo venía…
-          Pero no te quedes ahí de pie, siéntate.


María intervino:  ¿Y para qué tenía que verle con tanta urgencia?
 - No tengas prisa mujer, dije yo, ya lo sabrás.


Si hubiera saciado la curiosidad de María sobre el relato que había comenzado “in medias res” (hacia la mitad), utilizando de continuo el “flashback” (narrando a saltos hacia atrás), y me hubiera lanzado al “flashforward” (adelantar acontecimientos), la historia podía tenerse por concluida, y el espectáculo debe proseguir.


¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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