jueves, 10 de septiembre de 2015

COCER A FUEGO LENTO

Tras unos días de relax he hablado con María, (personaje que representa a todos los lectores de este blog) y como no podía ser de otra forma, han salido a relucir los relatos que estos días ha escrito. 

- Una cosa es hacer un relato y otra que lo lean - me dice ella de repente

 Tiene toda la razón, por eso, ahora que están tan de moda los programas de cocina, la digo:

- María vamos a hacer un bizcocho de letras.
- Bueno, yo la cocina -dice sonriendo maliciosamente ella.
- A mí tampoco es lo que más me apasiona -contesto- pero es la mejor manera que he encontrado para que quede claro: comparar un relato con un bizcocho. 

Oigo su suspiro.

- Lo primero es lavarse las manos. 
- Por supuesto –dice ella. 
- En sentido figurado –afirmo yo. Que ningún elemento externo contamine la mezcla. Se toman los ingredientes: inspiración, tema, tiempo y, con mucho cuidado, poniendo buena atención, se van mezclando con amor. Después se mete al horno, a cocer a fuego lento.
- ¿Entretanto qué? –pregunta María. 
- Espera. 
- Puedo poner la lavadora, o hacer la comida… 
- María no me obligues a hablar de sexo. 
- ¿Sexo? -se extraña ella.
 - Sé lo que me digo. Tal vez más adelante hablaremos de eso. 

Quedamos unos segundo calladas, escuchando nuestras respiraciones, hasta que yo rompí el silencio:

- Ahora hay que pinchar muy suavemente el bizcocho. 
- ¿Bizcocho? –vuelve a extrañarse ella. 
- Perdona mujer, el texto. Comienza a leerlo despacio. 

Y así María comprendió que estaba a medio hacer: faltaba una palabra, había una incongruencia, se le acababa de ocurrir una idea intermedia que lo enriquecía, añadió dos frases más al final… y lo depositó de nuevo en el horno.

- Pues no sé si limpiar el polvo o pasar la aspiradora. 
- ¡María, María! No tienes arreglo.

La oí reir. Y al rato volvió a pinchar el escrito. Estaba en su punto. Sólo cambiar un nombre, suprimir un adverbio y ya.

- Ahora déjalo enfriar -la dije. 
- ¿Y mientras? 
- Vámonos como la Gaite, de ventaneras. 

Cuando volví a hablar con María me dijo que agradó a quien lo probó, o mejor dicho, quien lo leyó, pero mi respuesta fue: si te gusta a ti es bastante.


Decir que las palabras construyen frases, que el conjunto de varias frases bien organizadas llevan al párrafo y que un número indeterminado de párrafos conforman un texto, no quiere decir que el texto sea válido, literariamente hablando. Debe tener además cuerpo, forma, sensibilidad y vida propia. Y para que un texto adquiera calidad, la invención (con soporte de documentación o de observación), la disposición de pensamientos y la elocución deben forman parte indispensable de los ingredientes del bizcocho ce letras.

Quiero por eso sacar del fondo de la prisa al novel. Alguien dijo que si Garcilaso precisó de varios centenarios para ser leído, cualquiera deberíamos considerarnos afortunados si añadiéramos cien o doscientos años más.

CONSEJO: La prisa no es buena consejera para quien escribe.

CONSEJO: Un escrito necesita un tiempo de reposo para leerlo de nuevo y mejorarlo si es preciso hasta que llegue a su punto justo.

Y de regalo, el relato para todos los públicos: EN LA COCINA DE LA ABUELA

Relato incluido en el libro Mundo de fantasía (Pilar del Campo)

¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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