jueves, 16 de abril de 2015

PENSANDO EN LOS DEMÁS

Es cierto que el escritor debe escribir pensando en los demás, pero lo más importante es que se sienta cómodo y satisfecho con lo que escribe, luego, puede decirse que hay que escribir para uno mismo... ¡Vaya lío!

Al respecto hay opiniones: 

Mario Benedetti decía: “No escribo para el lector que vendrá, sino para el que está aquí, poco menos que leyendo el texto sobre mi hombro”. 

Miguel Delibes apuntaba: “Llega un momento en que escribes como un deber hacia los demás, como una necesidad. Al principio, no, al principio escribes con la ilusión de comerte el mundo, de decir algo grande, algo importante; después llega un momento en que conviertes la escritura en un hábito. La felicidad de la escritura no llega hasta el final de la última redacción, pero hasta llegar a eso a mí al menos, me comporta auténticos sufrimientos”. 

Isabel Allende hace alusión a:  “Coger al lector por el cuello y no soltarlo”. 

El sillón rojo (Macarena Fernández)

Puede que esto último el escritor novel lo consiga con el tema, pero para que no se pierda en el maremagnun de palabras, lo mejor es que comience por aplicar en lo que en periodismo se denominan las tres ces, “Claro, Concreto y Correcto”, que ya tendrán tiempo de llegar a:


“Babeado, acariciado, mordisqueado, lamido y estrujado, El Incógnito, a pesar de su monogamia crónica, soportó la avalancha, reprimió la desgana, imaginó que era víctima de Paulette y, resignado a la morbosa atracción que todo monógamo ejerce (salvo en quien quisiera), esperó paciente, en aras de su misión, a que se desfogase la desvergonzada. Esta mansedumbre estuvo a punto de transformarse en ira, debido a la ilimitada impudicia de la oficiante. Hasta tuvo momentos El Incógnito, cuando ya no tenía pantalones, durante los que creyó licuarse y únicamente la alta estima que de sí mismo poseía le impidió embelesarse con el culto de que era objeto” (Gramática Parda de Juan García Hortelano). 


La paciencia –corrección tras corrección- del maestro García Hortelano y la destreza le alejó de la utilización de vocablos sencillos, de énfasis, de tópicos, de circunloquios, de repeticiones en un exhaustivo trabajo de creación literaria donde tanto el tema como el lenguaje son protagonistas de esta obra galardonada en 1982 con el Premio de la Crítica. 

Consejo: Es mejor empezar escribiendo obras cortas, con lenguaje sencillo, pero no vulgar, y que llegue a un público extenso.

Consejo: Hay que tener cuidado con lo simple, puede ser más complejo de lo que parece.

¿Escribir para los demás? Sí, si lo que se quiere es compartir con los demás lo que se ha escrito, que nos lean, que nos entiendan, que disfruten con lo que hemos escrito, con lo que están leyendo.

¿Escribir para uno mismo? Sí, si eso da ánimos para seguir escribiendo, para seguir contando historias sin el temor de pensar, ¿gustará a los lectores?. Para gustos se hicieron las cosas y no a todos gusta lo mismo.

Se me ocurre dejar aquí un poema de Mario Benedetti, Bienvenida. ¿A quién? ¿A qué? Digamos que, en esta ocasión, es a la escritura... pensando en los demás.


Se me ocurre que vas a llegar distinta 
no exactamente más linda
ni más fuerte
ni más dócil
ni más cauta
tan solo que vas a llegar distinta
como si esta temporada de no verme
te hubiera sorprendido a vos también
quizá porque sabes
cómo te pienso y te enumero
después de todo la nostalgia existe

aunque no lloremos en los andenes fantasmales
ni sobre las almohadas de candor
ni bajo el cielo opaco
yo nostalgio
tu nostalgias
y cómo me revienta que él nostalgie
tu rostro es la vanguardia
tal vez llega primero
porque lo pinto en las paredes
con trazos invisibles y seguros
no olvides que tu rostro
me mira como pueblo
sonríe y rabia y canta
como pueblo
y eso te da una lumbre
inapagable
ahora no tengo dudas
vas a llegar distinta y con señales
con nuevas
con hondura
con franqueza
sé que voy a quererte sin preguntas
sé que vas a quererme sin respuestas.


¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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