jueves, 23 de abril de 2015

LAS TERTULIAS LITERARIAS


FELIZ DÍA DEL LIBRO 2015

María me cuenta que ha asistido a una tertulia literaria.


- Me parece estupendo, le digo, porque es una forma de tomar contacto con la literatura de forma lúdica e instructiva a la vez.

- Fue de manera casual –continúa ella- Todo comenzó en el vestíbulo del Teatro Albéniz, durante el descanso de Tío Vania de Chejov, un grupo de personas hablaba de manera tan interesante que no pude frenar mi instinto curioso de escritora y capté entre su diálogo “tertulia literaria”. Entonces, con cierto pudor, pregunté al que percibí más predispuesto a atender a una desconocida, y desde entonces ya he participado un par de veces.
- Estupendo –le dije. Hay muchos autores que son partidarios de las reuniones, aunque otros también se resisten, sus motivos tendrán.

   “…El péndulo cumple su vaivén instantáneo y otra vez me inserto en las categorías tranquilizadoras: muñequito insignificante, novel, trascendente, muerte heroica. Los pongo en fila de menor a mayor: muñequito, novela, heroísmo. Pienso en las jerarquías de valores tan bien exploradas por Ortega, por Scheler: lo estético, lo ético, lo religioso. Lo religioso, lo estético, lo ético. Lo ético, lo religioso, lo estético. El muñequito, la novela. La muerte, el muñequito. La lengua de la Maga me hace cosquillas. Rocamadour, la ética, el muñequito, la Maga. La lengua, la cosquilla, la ética" 


María había dado un paso hacia adelante. En mi opinión, acudir a tertulias, en este caso literarias, es una actividad interesante. Como no es posible leerlo todo, las lecturas que los demás ofrezcan, aunque sean pequeños párrafos, dejarán  el regusto de la intriga y pondrán en bandeja seguir adelante en otra ocasión. 

Otras veces, ni se pasaría por la mente leer a un autor con apariencia de serio, sin embargo, si la oportunidad de oír un comentario a su favor se brinda, tal vez, sea el serio escritor el que ayude a alcanzar las estrellas. ¿Qué leer? Se pregunta en ocasiones el lector solitario que se asesora por las ventas y, sin embargo, cuántas lecturas permanecen dormidas esperando que las despierten.



En las tertulias literarias de escritores, cabe la posibilidad de estrenar obra. Sí, dicho así parece muy pretencioso, pero no. El silencio se apodera de la sala cada vez que alguien decide ofrecer un poema, un pensamiento, un cuento o una obra de teatro. No olvidemos que El sí de las niñas la preestrenó de este modo Moratín, ante un público amigo. 


A María, en su primera tarde de tertuliana, Rayuela se le metió por las venas. Confesó no haberla leído; que la tenía en la estantería desde hacía varios años y que al oír mencionarla sintió una vergüenza inconfesable que le recorrió desde la raíz del pelo hasta los pies; y cuando llegó, se dirigió al anaquel, tomó el libro en las manos y mirando perpleja el tablero desordenado de capítulos comenzó por el 73.

- No iba a dejar a mi edad, “de otros lados los capítulos prescindibles” –dijo.

Consejo: Cinco buenas razones para leer nuevamente Rayuela 

No son mías, pero en mi labor como documentalista las he encontrado de una fuente fiable, pero como estoy totalmente de acuerdo, aquí pongo un aperitivo  (Capítulo 1) para invitaros a leerla de nuevo.


Hasta llegar a las tertulias de hoy, antes, Aspasia y Safo –en Grecia- rompieron el hielo. Más tarde, ya desde el siglo XVII, muchas damas francesas de la aristocracia y de la alta burguesía abrieron las puertas de sus salones para fines culturales, convocando a su alrededor políticos, escritores y artistas, fomentando un ambiente propicio a la intriga política y al escarceo amoroso. De finales del ilustrado XVIII son los salones de la marquesa de Rambouillet, y el de Ninon de Lenclos, célebre y hermosa cortesana a cuya casa, entre otros, acudía Molière y allí ella le inspiró el Tartufo. Ya en el XIX los salones literarios eran mucho más numerosos, destacando, sin duda, el de Marie Louise Condorcet, hija del famoso filósofo, y presidido por Marie d’Agoult, que tenía como asiduos a Vigny, Sué, Lamartine, Franz Liszt, entre otros. Y así, la costumbre de tertuliar se habría de extender a varios países europeos con vigencia plena hasta nuestros días.


- ¿Cómo siendo la mujer incitadora de encuentros culturales, tiene menos repercusión en la historia que el hombre?
María querida, dejásemos el sexo en paz -la digo y la remito a leer de nuevo Cómo escribir sin perder el control

Tertulia (Ángeles Santos)


 ¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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