jueves, 2 de abril de 2015

LA LECTURA

Ya que tanto hincapié hago en la lectura, os ofrezco este escrito que hace tiempo hice en honor a LA LECTURA y que está dentro de mi libro Mar: Pinceladas y letras.




¡Leer o no leer; he aquí el problema! .

¿Qué es más grato para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante información, apenas elaborada, transmitida en favor de sumas millonarias, insulsa de temas apresando almas faltas de voluntad selectiva, incapaces de tirar la basura caída en sus manos; o tomar las armas poderosas y mágicas de la lectura culta  interpretándola entre líneas, contaminado el espíritu de ideas y energía positiva?. ¡Embrutecer…, morir, sin más!. ¡Leer…, aprender, vivir!.

Mil palabras resumen una imagen, pero cuando ésta anula la imaginación y el juego a descubrir  rostros sin edad, modos y modales, ropas que cubren o descubren, lugares, borrascas en contraste con brillantes resplandores, nubes que semejan la faz de etéreos seres, crepúsculos dormidos, la reina de la noche blanca y limpia, paisajes evocados para ver en un cerrar de ojos, bien puede decirse que la batalla está perdida. Y cuando sean los sentimientos  reflejos de una imagen, es más fácil sellar el amor con un beso y el desengaño con un duelo, que plasmar el sueño soñado del amor en versos, y reprochar en una carta doliente el desencanto. Pero, ¿no es más hermoso que los poemas de amor  transfundan suero de amor por las venas o que el doliente desencanto haga incluso llorar?.

¡Leer o no leer; cuesta tanto hacerlo!.

En tiempos de rentabilidad, donde el couché compite con lo didáctico, lo impensable con lo reflexivo, la bulla con la calma…, no se halla lugar ni momento para la lectura bien entendida, cuesta hacerlo. Muchos dicen leer deportes,  moda,  dietas, programaciones, prospectos, pero ¿y el libro?. Existen mil razones para esquivarle, pero cien mil para leerle, sólo es cuestión de voluntad,  y no vale  preguntarse dónde o en qué momento; hay quien realiza el acto en el autobús, en un banco del parque, en una fila de espera, en un consultorio médico, en la biblioteca, en el dormitorio, en el cuarto de baño, o frente al mar. ¿Por qué no frente al mar?. A solas comienza el cortejo. Se acaricia con suavidad la cubierta del que guarda un mundo desconocido y enigmático, la primera frase llega a los labios, se relajan los músculos, queda ausente el tiempo y el corazón prendido al vicio más confesable: la lectura.

La lectura (Pilar del Campo)



¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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