domingo, 8 de marzo de 2015

COMO ESCRIBIR SIN PERDER EL CONTROL

Homenaje a la mujer trabajadora

Sin entrar en polémica, es indiscutible decir que siempre ha sido más costoso para las mujeres la creación artística que para los hombre, no por sus cualidades, que son exactamente las mismas, pero sí por las circunstancias. 

Detrás de un gran escritor hay, una gran mujer, por ejemplo: Zenobia Camprubí detrás Juan Ramón Jiménez o María Teresa León detrás Rafael Alberti. Pedro detrás de una escritora hay un caos.

Hagamos un primer retrato-relato: 

El escritor sumergido en su mundo nuevo de personajes y situaciones tan adversas como desconocidas, permanecía sumido en un continuo ayuno; y allí estaba ella, silenciosa, a cada rutinaria hora en la que el estómago tiene por costumbre engullir alimento, unas veces con una taza de leche y galletas, otras con un plato de sopa y un bistec troceado, algún yogurt o fruta a la tarde, y si la noche se intuía larga e intensa, un termo de café acompañado de algún sandwich, con un cándido beso de buenas noches en la ardorosa frente, y un ¡no te quedes hasta muy tarde! por advertencia. 

El escritor, asentía con la cabeza por no perder el compás, mientras los ojos de ella se encendían con dos brillantes lágrimas, unas veces de misericordia, otras de cariño, otras de indignación y las más de frustración, ¡la quiere más a ella que a mí!, se decía  mientras cerraba la puerta para que nada ni nadie, ni la noche siquiera, quebrara el arrebato creativo del escritor. En su alcoba, sola, repetía ¡la quiere más a ella que a mí!, refiriéndose a la obra. En la sombra, la buena y sumisa mujer del escritor era la protagonista de la historia aunque ni él ni ella lo supieran.

El segundo retrato-relato, el de mujer escritora, es:

La escritora, por lo general esposa y madre, que se encarga del hogar y la familia, se sienta frente al ordenador en el momento que cree ser el más apropiado. Ha terminado de hacer las camas, ha quitado las pelusas al suelo aún sabiendo que cuando lleguen los chicos traerán barro en las botas y tendrá que volver a barrer; la comida ya va dejando el aroma a guiso por toda la casa y la lavadora (que dudó si ponerla o no, pero al final cedió) ahí anda dando vueltas. 

La escritora, se sienta frente al ordenador, después de haber ordenado todos los papeles que ha ido almacenando en el bolso durante varios días y, cuando el programa informático le da la bienvenida y los dedos están en las teclas, suena el teléfono. Deja que suene. Se corta. Vuelve a sonar. Deja que suene. Se corta. Vuelve a sonar. No puede más y lo coge. Cualquiera puede ser, desde su madre hasta su marido, pasando por un encuestador, por un vendedor, por un recado para alguien que no está en casa y en el peor de los casos una equivocación...  y ya no sabe dónde ha puesto los papeles, ni los dedos, y ha perdido de la mente la primera frase con la que se iba a iniciar. 

En la creencia de que las interrupciones hayan acabado al fin llega el contacto amoroso que tanto ansiaba, a solas, el ordenador y ella van a hacer maravillas, desnudos los dos, se ríen, lloran, se besan, están creando vida y cuando el clímax se apodera de ellos, la lavadora reclama el suavizante, el silbato de la olla pide a gritos que deje de cocer el guiso, vuelve a sonar el teléfono… tres en uno, como los multiusos. Ella desesperada, el ordenador esperando. ¡Voy amor no tardo!, le dice. Todo en orden de nuevo, y cuando va a sentarse, suena el timbre de la puerta, el cobrador del gas, otras veces es la vecina que siempre tiene alguna necesidad imprevista, y, entre tanto, el enemigo número uno avanza inclemente…10, 11, 12… 

De vuelta a la pasión se deja consumir en esforzadas figuras, que si hipérbaton, que si asíndeton, que si antítesis, que si alegoría… hasta que vuelve a sonar el timbre de la puerta, ¡la vecina!, exclama, pero no, son sus hijos que llegan a comer…13, 14, 15…¡Ya son las tres! ¡Tengo que salir corriendo, entro a las cuatro a trabajar y aún no he comido! ¿Qué hay de comida?. 

Las lágrimas le llegan a los ojos, se despide con arrebato del amante y resignada sin resignación le llega un quiasismo ¡Cuando pitos flautas, cuando flautas pitos!


Mujer escribiendo (Picasso)

Por eso añado, para todas las mujeres escritoras y trabajadoras, este verso Consejo:

María, no te dejes consumir.
Cuando decidas escribir,
mira bien lo que te digo,
no permitas que nada ni nadie
se interponga en tu camino.



¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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