lunes, 23 de febrero de 2015

LEER CON LOS CINCO SENTIDOS




Hace tiempo adopté la teoría de que la lectura de un libro se hace efectiva para el lector cuando éste es capaz de recordar lo leído por la percepción que haya tenido de él a través de alguno de los cinco sentidos, o todos a la vez. Tal teoría me surgió cuando tras deleitarme con un título releído por tercera vez, noté que algo de mí se activaba.

Con la sugerencia que mi hicieron de conocer LEER CON LOS CINCO SENTIDOS,  de Víctor Moreno Bayona, pude asentar mis fundamentos. Su lectura me hizo reflexionar desde la introducción donde hallé una aportación de Francisco Bacon: “Probamos muchos libros, pero son muy pocos los que masticamos bien y los que dirigimos mejor”.

En el citado libro, el tacto, la vista, el olfato, el oído y el gusto son sus protagonistas. El autor tiene claro que con su escritura invita a la lectura, para que los educadores se sumen a la labor de acercar y animar a los más reacios al apasionante mundo de la palabra escrita. De manera casi sistemática, y con la intención de un mejor y mayor conocimiento de cada unos de los sentidos, aporta ficha técnica y lingüística, expresiones, refranes, argumentos, sensaciones y actividades de divertido y diverso interés.

En el primer capítulo tropiezo con Miguel Delibes y su afirmación “Hay escritores que escriben con los ojos, otros con la nariz, y otros, como me ocurre a mí, que escriben preferentemente con el oído”. Ante tal frase, Víctor Moreno se sorprende de que el maestro se olvide del tacto. Bohumil Hrabal viene a decir que “Quien no palpa los libros no los ama; quien no los manosea, no los desea; el primer acto de amor hacia los libros, primero se demuestra con la mirada y después con la mano”. Y Juan Cruz afirma que “el libro es tacto”. En mi opinión, y ejerciendo de árbitro entre ellos, doy la razón a todos y comparto sus opiniones.

El tacto primero del escritor es para el instrumento escriptor que ayuda a gestar y desarrollar el texto a golpe de un sin fin de horas de trabajo mientras la depuración de ideas y personajes llegan por los ojos y oídos a través de imágenes y diálogos. Para el lector, el contacto de la cubierta y posterior manoseo de las hojas, ya debería ser suficiente para no olvidar el libro, pero hay más: es conveniente una lectura pausada y con esmerada concentración para encontrar situaciones donde el tacto esté presente: “La cal de las paredes tenía una textura suave como la piel de un niño”, “Su piel tiene un tacto suave, cálido y maravilloso…”. Por tanto, esta tarea de búsqueda es una actividad que debería llevarse a cabo en las lecturas organizadas de manera grupal, o en la silente y reflexiva lectura individual.

Por supuesto, valga esta última propuesta para descubrir el territorio que cada uno de los sentidos tiene dentro del texto. A modo de ejemplo, de John Ruskin:“lo más grande que hace un alma humana es este mundo es ver algo […] Ver con claridad es poesía, profecía y religión, todo en uno…”. De Sánchez Ferlosio:“Al desván se subía por una breve escalera de caracol. Había allí una luz laminada que entraba por el cristal empolvado del tragaluz… El desván olía a cerrado y estaba lleno de sueños… Era una silla de madera de cerezo branizada a la muñeca, con su color rojo, líquido como el vino de Burdeos…”. En los versos de Rodari: “… Oigo la voz del árbol, de la piedra en el suelo, del arroyo, del pájaro, de la nube en el cielo. Y comprendo a los niños cuando hablan de esas cosas que en la oreja ya madura resultan misteriosas…”. Antonio Machado en su Juan de Mairena: “… Porque siempre es de mal gusto lo que no se lleva en una época determinada”; o de Laura Esquivel: “¡Qué sensación más agradable! Cuando estoy en casa de tía Lou siempre me como el pan con mantequilla de esa manera”. Y para terminar, de Patrick Süskind: “Pronto, había llegado a no oler simplemente la madera, sino las clases de madera: cedro, roble, pino... y diferenciaba el olor de cada tabla […] y los diferenciaba como objetos con tanta claridad como otros no podrían haberlo hecho con la vista.

Otras valiosas aportaciones de este LEER CON LOS CINCO SENTIDOS es ayudar a todos a conocer los libros que poseemos. Muchas veces ocupan nuestras estanterías y presumimos de ellos, de la cantidad de volúmenes que forman nuestra particular biblioteca, incluso de cuántos nos hemos leídos, pero ¿los conocemos de verdad? Lo primero que salta a la vista son las cubiertas, tal vez después el tamaño, luego su grosor; debería tener cada uno una ficha de contenido elaborada tras su lectura,… Pero ¿sabríamos distinguirlos por su olor? Así como cada persona tiene un aroma corporal personal e inconfundible, los libros también albergan una olorosa personalidad, a la que contribuye el papel y la longevidad. Por lo que podría afirmarse, que el olor también lleva al recuerdo.

Volviendo al título que ocupa estas páginas, y en lo tocante al esfuerzo que el autor hacer porque los no lectores se acerquen a descubrir la magia de la lectura, o los ya lectores encuentren un punto de apoyo más para afianzarse en tal afición, quiero resaltar la amena y sabia manera con que Moreno se expresa, haciendo de un voluminoso tomo, un tomo fácil de leer y asimilar cargado de lecciones supletorias que enriquecen el conocimiento de los que se acercan a él. A la vez que hace una deliciosa invitación ya desde sus primeras páginas: “Como lo que aquí se propone no se agota ni en un día, ni en un año, las posibilidades de experimentación son innumerables… Se aconseja  que, caso de caer en la deliciosa trampa de realizar las actividades propuestas, no se intente hacer todas en una sesión ni de aplicarlas a un solo libro. Desterremos la prisa.”

Uno, pues, mi teoría a las ideas y el trabajo de Víctor Moreno Bayona y digo que jugar a encontrar los sentidos dentro de las lecturas no es un simple ejercicio; con el tiempo, llegará a convertirse en vicio, en obsesión, y eso producirá en el lector el placer de perpetuar los libros en la memoria con más facilidad, sin perder detalle de la trama.


Y como colofón, solo añadir que por mucho que se anime a la lectura, cada vez con métodos más atractivos y novedosos, cada persona llegará a ella en el momento que su mente, espíritu o, incluso, circunstancias, decidan. Cada individuo tiene una particular madurez para la lectura, y puesto que no es tarea fácil, en el más amplio sentido de la palabra, lo que nunca se debe hacer es imponerla. De entre otros muchos títulos que tienen que ver con el acercamiento de la lectura a los más reacios, D. Pennac, en Como una novela recoge la afirmación de que el verbo leer no debe estar sujeto a imperativos, así como tampoco lo ha de estar el verbo amar. Pero lo cierto es que el que descubre la lectura por causalidad, acaba amándola por el imperativo de la libertad, pues leer hace a los hombres más libres. 

Consejo: Hay que aprender a leer con los cinco sentidos para poder escribir bien.

Consejo: Si leer requiere de cinco sentidos, escribir precisa de un sexto, la intuición de que lo que se escribe invita y engancha a la lectura.

Hombre leyendo (Pedro Carmona)


¡Espero que te haya gustado! Continuará...

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